martes, 18 de octubre de 2011

Clases Universitarias




Tras este parón veraniego en el que he tenido el blog parado por trabajo, papeleos de septiembre, y cambios de piso y demás líos, vuelvo a las andadas para seguir contando anécdotas y situaciones cómicas, que para bien o para mal, no dejan de ocurrirme día a día.

Hoy, nos vamos a ir a la Facultad de Educación de la Universidad de Murcia. Soy estudiante de magisterio de primaria, y la semana pasada sucedió una cosa inusual en clase de Didáctica de las matemáticas, asignatura de la que es profesora una mujer a la que llamaremos Señora X.

Pues este día, entramos todos a clase dispuestos a atender… sí, a atender, o por lo menos a intentarlo, y comenzó la clase… pero poco a poco fue desembocando en una serie de confesiones secretas de la Señora X, experta en matemáticas, que nos hizo perderle en respeto en el cuarto de hora que se desvió del tema. La Señora X se ve que tiene un trauma infantil con la Educación física, y nos empezó a contar los golpes y caídas que vivió al saltar al potro, pero poniéndonos en una situación en la que sabíamos infinidad de detalles sobre su vida, como que el uniforme de Educación Física que usaba en aquella época, eran… ¡Unos pantalones anchos color verde lechuga fosforescente, con un maillot negro con una franja amarilla también fosforescente! Y tras ponernos en situación comienza a contarnos casi llorando, mitad de risa, mitad de rabia, que al saltar al potro, se cayó dentro de una cajonera y casi se rompe el cuello, y encima… ¡se reía de la profesora que tenía por cómo corría a ayudarla!.... ¡¿Cómo actuaríais si llega una alumna a saltar al potro y se mete un tortazo legendario en una hora en la que está a tu cargo?! ¡Pues le faltarían piernas a la pobre mujer!… Pero eso no es todo… encima le recrimina a la mujer que la suspendía y que al final aprobaba con un cinco pelado… No sé cómo podía suspender a la Señora X… con lo bien que hacía gimnasia… como bien dijo un sabio portugués hace relativamente poco… ¿Por qué? No lo entiendo…

Pero es que ahí no acaba, porque más adelante, en otra clase con nuestra querida Señora X, después de intentar explicarnos… ¡cómo enseñar a contar!... nos confiesa que se inventaba novios de joven, y que una vez, a una amiga cercana suya, la engañó durante… UN AÑO… diciéndole que tenía un novio que se llamaba Pepe…. ¡Estando casada!... Increíble pero cierto, así sobrellevamos las clases agotadoras en la Universidad, con profesoras que lloran y se ríen a la vez y encima anuncian orgullosas que al hablar escupen mucho, y que en gimnasia tuvo que ir tres veces a urgencias en un mismo curso...

Qué os voy a contar blogueros, ya os traeré más noticias acerca de la Señora X, que un año da para muchas anécdotas….Un saludo a todos!

martes, 1 de marzo de 2011

¿Estudiar?



Acabamos de pasar una época de estudio bastante importante: los exámenes de febrero. Qué cosas, todos ajetreados, estudiando para arriba, para abajo, sin descanso... otros de fiesta y más contentos que unas pascuas, pero bueno, eso no es de lo que voy a hablar hoy. Hoy vamos a hablar de unos lugares, unos sitios en los que hemos pasado semanas muy duras en nuestras vidas... esos sitios en los que el: "shhh" es una Ley Inquebrantable: las Bibliotecas.

Éstos exámenes por desgracia, o por suerte, según se mire, me he visto obligado a estar en bastantes lugares de ese estilo y, aunque ya tenía una ligera idea, siempre te encuentras a casi las mismas personas en ellas. Lo primero es la vergüenza que pasas cuando hay una sala cerrada y quieres pasar pero no hay ni un sitio libre. En el momento que abres la puerta, automáticamente, treinta cabezas se giran de golpe a mirarte, mientras tú, todo lo rápido que puedes, escudriñas por toda la sala buscando ese hueco que te permita dejar de ser observado... pero no, no hay, por lo que, más colorado que un tomate, te das la vuelta mientras la gente sigue mirándote como diciendo: "¿Adónde ibaas?¿Qué crees, que ibas a tener sitio?"......pero eso no es lo peor.

Después de muchas vueltas, por fin encuentras un lugar en el que depositar tus cosas y sentarte para comenzar a estudiar. Empiezas a escuchar toda una sinfonía de aclaraciones de garganta..."jum".....toses....."tjo, tjo"......estornudos...."atchís".........y sobre todo absorciones de mocos impresionantes que se incrustarán en el cerebro de manera irremediable. Es algo extraordinario.

Y eso es provocado por un efecto que pasa siempre que vamos a las bibliotecas: siempre nos empieza a picar la nariz, empezamos a moquear y comienza a ser algo realmente molesto. Nunca en esos momentos difíciles está nuestro amigo, el Paquete de Pañuelos, a nuestro lado. Ya puedes llevar un paquete durante toda la semana que tienes que tirar del pañuelo que llevas desde las 11 de la mañana en el bolsillo, que es de todo menos un pañuelo.

Aparte de todo eso, echamos un vistazo a nuestro alrededor y siempre, y repito absolutamente siempre, te encuentras a las mismas personas: uno sacándose mocos en babia, concentrándose en pillarlo bien; otro que en medio del silencio le suena el móvil y contesta en medio de la sala gritando "¡Dime!" mientras va hacia la puerta; otros dos tortolitos acariciándose la mano y besándose de vez en cuándo; otro grupete que no para de reír, entrándole a uno de ellos la risa floja y sin poder parar; otro que no para de mirar a los que se ríen con cara de asesino en serie; el tonto que enciende el portátil con el sonido a todo volumen... en fin...lugares entrañables estas bibliotecas, en las que puedes llegar a entrar a las 4 de la tarde, estudiarte medio tema y a las 4 y veinte salir a hacer un descanso hasta las 6 y media, y desde las 7 y cuarto otro descanso hasta las 8 y media. Es genial.

Por tanto, pensarlo bien antes de entrar en un sitio como éste, ya que podréis salir bastante tristes porque no os ha cundido el tiempo de estudio, pero aún así, si decidís entrar....por favor.....llevaros un paquete de pañuelos....Un saludo!