Tras este parón veraniego en el que he tenido el blog parado por trabajo, papeleos de septiembre, y cambios de piso y demás líos, vuelvo a las andadas para seguir contando anécdotas y situaciones cómicas, que para bien o para mal, no dejan de ocurrirme día a día.
Hoy, nos vamos a ir a la Facultad de Educación de la Universidad de Murcia. Soy estudiante de magisterio de primaria, y la semana pasada sucedió una cosa inusual en clase de Didáctica de las matemáticas, asignatura de la que es profesora una mujer a la que llamaremos Señora X.
Pues este día, entramos todos a clase dispuestos a atender… sí, a atender, o por lo menos a intentarlo, y comenzó la clase… pero poco a poco fue desembocando en una serie de confesiones secretas de la Señora X, experta en matemáticas, que nos hizo perderle en respeto en el cuarto de hora que se desvió del tema. La Señora X se ve que tiene un trauma infantil con la Educación física, y nos empezó a contar los golpes y caídas que vivió al saltar al potro, pero poniéndonos en una situación en la que sabíamos infinidad de detalles sobre su vida, como que el uniforme de Educación Física que usaba en aquella época, eran… ¡Unos pantalones anchos color verde lechuga fosforescente, con un maillot negro con una franja amarilla también fosforescente! Y tras ponernos en situación comienza a contarnos casi llorando, mitad de risa, mitad de rabia, que al saltar al potro, se cayó dentro de una cajonera y casi se rompe el cuello, y encima… ¡se reía de la profesora que tenía por cómo corría a ayudarla!.... ¡¿Cómo actuaríais si llega una alumna a saltar al potro y se mete un tortazo legendario en una hora en la que está a tu cargo?! ¡Pues le faltarían piernas a la pobre mujer!… Pero eso no es todo… encima le recrimina a la mujer que la suspendía y que al final aprobaba con un cinco pelado… No sé cómo podía suspender a la Señora X… con lo bien que hacía gimnasia… como bien dijo un sabio portugués hace relativamente poco… ¿Por qué? No lo entiendo…
Pero es que ahí no acaba, porque más adelante, en otra clase con nuestra querida Señora X, después de intentar explicarnos… ¡cómo enseñar a contar!... nos confiesa que se inventaba novios de joven, y que una vez, a una amiga cercana suya, la engañó durante… UN AÑO… diciéndole que tenía un novio que se llamaba Pepe…. ¡Estando casada!... Increíble pero cierto, así sobrellevamos las clases agotadoras en la Universidad, con profesoras que lloran y se ríen a la vez y encima anuncian orgullosas que al hablar escupen mucho, y que en gimnasia tuvo que ir tres veces a urgencias en un mismo curso...
Qué os voy a contar blogueros, ya os traeré más noticias acerca de la Señora X, que un año da para muchas anécdotas….Un saludo a todos!